Es la primera vez que leo tres libros al mismo tiempo. No me pude resistir, me moría de ganas de leer los tres, así que fue inevitable.
Empecé con
Revolution In The Head, de Ian McDonald, uno de los mejores libros de rock de la historia. Se trata de una descripción de toda la discografía de los Beatles, tema por tema. McDonald aborda la cuestión con seriedad y sin fanatismo. Por eso, no duda en criticar varias de las canciones, pero siempre deja en claro su admiración por la obra del grupo. Hace un análisis muy meticuloso de por qué los Beatles cambiaron las reglas de la música, casi de manera casual e intuitiva, con recursos como sus notables middle eights (lo que en español sería la parte media que a veces se incluye en una canción) o la notas en modos extraños a la lógica de un tema. En su introducción también explica las circunstancias socioculturales que demuestran la importancia de la banda.

A Revolution… se sumó luego
Una Magia Modesta, un libro olvidado del gran Adolfo Bioy Casares, de los últimos que escribió. Son breves relatos en los que, fiel a su estilo, le agrega una pizca de fantasía a una historia común y corriente. Cuando digo breves, digo breves en serio; algunos no duran más de tres párrafos, y dejan a uno con ganas de más. Se me ocurrió imaginar que son ideas que al viejo Bioy le dio fiaca desarrollar y prefirió apenas contarlas en un par de líneas, cuando en otra época de su vida hubiera escrito un cuento de varias páginas con cada una.

Y, por ultimo, también empecé a leer
Edén, el esperado libro de Kioskerman en el que recopila su tira, editado por Sudamericana. Además de ser un tipo talentoso, el señor kioskero es un gran amigo. Tengo muchos amigos músicos, y me encanta escuchar lo que hacen, pero es la primera vez que tengo un amigo que edita un libro, y es un gran orgullo. La tira de Kioskerman es elogiada por grandes historietistas como Liniers o Max Cachimba, así que no me voy poner yo a explicar qué es lo que hace. Mejor ir a comprar Edén.

Tengo la suerte de ser amigo uno de los autores de estos tres libros, pero no dejo de pensar que, de una manera especial, también soy amigo de Ian McDonald y de Bioy Casares. Uno, como lector, es un poco amigo de aquellos escritores a los que admira, aunque nunca tenga el gusto de conocerlos personalmente.